Wiki con Contribuciónes de Estudiantes
Esta wiki ha sido creada por un increíble grupo de estudiantes de nuestro programa educativo.
El ordenador no lee los discos
El ordenador no lee los discos o la unidad de disco óptico no responde.
Unidad de disco óptico averiada
Prueba con un disco que sepas que funciona para asegurarte de que el problema reside en el ordenador. Si tanto el hardware como el disco funcionan, desinstala el controlador del disco y reinicia el ordenador. Si insertas un disco pero este no empieza a girar, es posible que debas sustituir la unidad siguiendo esta guía.
La pantalla se ve mal
La pantalla está dañada, se ve mal o está en negro aunque sepas que el ordenador está encendido.
Pantalla defectuosa
Comprueba que el problema sea realmente la pantalla y no otro componente conectando el ordenador a una pantalla externa, como un monitor o un televisor. Una vez determinado que la pantalla es el problema, intenta realizar un reinicio forzado quitando la batería, manteniendo pulsado el botón de encendido durante 15-30 segundos y reiniciando el ordenador con el cargador, sin volver a colocar la batería.
Si esto no funciona, asegúrate de que la pantalla esté correctamente conectada al resto del ordenador.
Teclado defectuoso
El teclado no escribe correctamente, no responde o está dañado.
Teclado dañado o roto
Si el teclado no responde en absoluto, es posible que debas sustituirlo siguiendo esta guía.
Teclas pegajosas o bloqueadas
A menudo, existe una causa física que impide que las teclas se pulsen por completo o que vuelvan a su posición tras pulsarlas. Si hay una obstrucción física, como una miga, sácala con un bote de aire comprimido. Si la tecla está pegajosa debido a un líquido derramado, limpia la tecla con un bastoncillo de algodón impregnado en alcohol isopropílico. Puede que sea necesario quitar la tecla bloqueada o pegajosa para limpiarla por completo.
Teclas dañadas
Las teclas individuales dañadas o que faltan se pueden sustituir sin necesidad de cambiar el teclado completo.
Problemas de lectura o escritura en el disco duro
No puedes guardar más archivos en el disco duro o no puedes acceder a los archivos guardados en él.
Disco duro lleno
Si el disco duro se está quedando sin espacio, puedes eliminar archivos antiguos para hacer sitio a los nuevos o considerar la posibilidad de sustituir el disco duro por uno de mayor capacidad siguiendo esta guía de sustitución.
Disco duro averiado
Si el disco duro hace un chasquido fuerte al encenderse o al intentar acceder a los archivos, el disco duro ha fallado y deberá ser sustituido usando la guía de sustitución.
El ordenador se sobrecalienta
El ordenador se calienta excesivamente y a menudo se apaga sin previo aviso.
Ventilación llena de polvo
Los ordenadores suelen acumular polvo en el interior tras un tiempo de uso. Para limpiarlo fácilmente, utiliza aire comprimido para limpiar el sistema de ventilación y los ventiladores. A menudo, es más eficaz aplicar aire comprimido en la salida (los orificios por los que sale el aire mientras el ordenador está encendido) y luego en la entrada (los orificios por los que entra el aire), ya que esto desprende el polvo de dondequiera que se haya acumulado.
Ventiladores averiados que provocan un flujo de aire insuficiente
Asegúrate de que todos los ventiladores giren comprobando que puedes sentir cómo entra y sale aire por los respectivos orificios, e intenta verificar visualmente si todos los ventiladores giran. Si un ventilador no gira, probablemente debas sustituirlo; puedes hacerlo usando esta guía.
El ordenador va lento o se bloquea a menudo
El ordenador tarda mucho en realizar procesos y aplicaciones básicos incluso después de iniciarse, o se congela y sufre tirones durante los procesos.
Memoria RAM insuficiente
Si el ordenador se congela o tarda en cargar, es probable que necesite más memoria RAM para realizar sus tareas. Puedes añadir memoria RAM adicional o sustituir la actual por módulos de mayor capacidad siguiendo esta guía.
Demasiados procesos abiertos
Si no puedes añadir más memoria RAM, puede resultar útil cerrar algunos procesos que no necesites que estén en ejecución. Para ello, pulsa Ctrl + Mayús + Esc (los tres botones a la vez) y espera a que aparezca el Administrador de tareas. Ve a la pestaña "Rendimiento" y fíjate en el porcentaje (o la proporción) que aparece junto a "Memoria".
Si este porcentaje es elevado, vuelve a la pestaña "Procesos" y haz clic en la columna "Memoria" para ordenar los procesos de mayor a menor consumo. Haz clic en cualquier proceso que reconozcas y sepas que es innecesario, y haz clic en "Finalizar tarea" en la parte inferior derecha para detenerlo (los procesos como "Service Host: ..." o cualquier otro de Windows suelen ser importantes y no deben cerrarse).
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